La ruta en camper por las Rías Baixas es uno de esos recorridos que, una vez hechos, cuesta quitarse de la cabeza. No por los kilómetros, que no son muchos, sino por lo que caben en ellos: cuatro rías, playas de agua verde, pueblos de piedra con hórreos asomados al mar y mesas con marisco recién cocido. De Cambados a Baiona, la costa pontevedresa da para cinco o siete días sin que sobre nada.
Una costa con carácter propio
Las Rías Baixas son cuatro rías (Muros e Noia, Arousa, Pontevedra y Vigo) que se meten tierra adentro desde el Atlántico. El resultado es agua más calmada que la costa abierta, playas de arena fina y pueblos pesqueros que llevan siglos viviendo del mar. En verano, todo eso se llena: los aparcamientos se agotan antes de las diez, las áreas de pernocta para campers tienen lista de espera y las playas más conocidas se quedan sin un hueco si llegas tarde. La zona aguanta bien la temporada alta porque hay suficiente costa para repartirse, pero hay que gestionarlo.
La ruta en camper por las Rías Baixas, pueblo a pueblo
Este recorrido va de norte a sur siguiendo la costa de Pontevedra. Se puede hacer al revés sin ningún problema.
Cambados
Empezar por Cambados tiene su lógica: es la capital del albariño y uno de los pueblos con más personalidad de la ría de Arousa. El Pazo de Fefiñáns preside la plaza principal con esa solidez de granito que tienen las construcciones gallegas cuando se hacen bien. La playa de Tragove, a un paso del centro, es tranquila, con fondo de batea y sin el agobio de los grandes destinos. Si tienes curiosidad por el vino, aquí la bodega está siempre cerca.
O Grove y A Toxa
La península de O Grove se adentra en la ría de Arousa y en el extremo tiene un puente que lleva a la isla de A Toxa. El marisco es el argumento principal: percebe, almeja, mejillón, nécora, buey de mar. Cualquier restaurante con batea visible desde la ventana suele funcionar bien. La playa de La Lanzada, en el istmo que une O Grove con el continente, es larga, abierta al mar y con olas. Hay días de viento que la convierten en un regalo para quienes van con material de surf o simplemente quieren espacio.
Sanxenxo y Portonovo
Sanxenxo es la playa más conocida de Galicia y en agosto lo parece. La de Silgar está en pleno centro y tiene esa mezcla de turistas y ambiente que la hace funcionar como un resort sin serlo. Para aparcar la camper cerca hay que madrugar mucho o conformarse con quedar a distancia y tirar de piernas. La playa de Montalvo, algo más al sur, da menos trabajo. Portonovo, a un kilómetro, tiene menos gente y más carácter de pueblo pesquero.
Combarro
Combarro merece una tarde entera. Los hórreos de piedra que asoman sobre la ría, los callejones estrechos y los cruceiros en cada esquina forman uno de los conjuntos más reconocibles de la costa gallega. El pueblo no es grande, pero hay que recorrerlo despacio. La camper se deja fuera del casco histórico y se entra a pie.
Bueu y Cangas
Bueu está en la orilla norte de la ría de Pontevedra y tiene una tranquilidad que se agradece después de Sanxenxo. La playa de Agrelo es amplia y sin el agobio de los grandes destinos. Cangas, ya en la ría de Vigo, es el punto desde el que muchos gestionan la excursión a las Cíes o cogen el ferry a Vigo para el día.
Las Islas Cíes
Las Cíes son Parque Nacional y el acceso está limitado. Para entrar hay que llevar reserva previa, ya que el número de visitantes diarios tiene un tope. Los barcos salen desde Vigo y, según la temporada, también desde Cangas o Baiona. Lo más sensato es consultar la web oficial del Parque Nacional de las Islas Atlánticas antes de salir de casa. En agosto sin reserva es probable que no puedas entrar.
Baiona
Baiona cierra la ruta con buenas credenciales. El castillo de Monte Real ocupa el promontorio sobre el mar y desde allí se ve la ría de Vigo entera. La estatua de la Virgen de la Roca, en el monte, es un mirador menos conocido pero con mejores vistas que las que aparecen en los mapas turísticos. La playa de América, al norte de la villa, es una de las más largas de la zona y tiene sitio incluso en agosto si llegas temprano.
Temporada alta en camper: lo que funciona
Agosto en las Rías Baixas es manejable si gestionas bien tres cuellos de botella.
El primero es el aparcamiento en playa. En los puntos más visitados los espacios se llenan antes de las nueve. Llegar a las siete y media y desayunar en la camper mientras esperas que abra el bar es mejor plan del que parece.
El segundo es dónde dormir. Las áreas de servicio y los campings de la zona tienen ocupación alta. Reservar con antelación marca la diferencia entre tener sitio o improvisar; no dejes esto para el día anterior.
El tercero son las dunas y los espacios naturales. En La Lanzada y en otras zonas protegidas hay señalización sobre por dónde caminar. Los cordones dunares tardan años en recuperarse si los pisas, así que conviene seguir las marcas aunque el desvío parezca corto.
Qué llevar para las playas gallegas
El Atlántico en agosto tiene una temperatura razonable, pero el viento y los días nublados aparecen sin avisar. La clave es ir en capas: bañador, algo de abrigo ligero y ropa que aguante la humedad atlántica.
Para las salidas del agua, un poncho de surf es más práctico de lo que parece. Te cambias en el aparcamiento sin espectáculo, se seca rápido y abriga mientras decides si entrar otra vez. Los ponchos de Van & Camp están pensados para ese momento entre el agua y la camper.
Las gafas de sol son imprescindibles aunque el día amanezca gris. La luz reflejada en el agua de las rías tiene más brillo del que anticipa el cielo, y en un día de playa o de navegación se nota. Las gafas de Van & Camp aguantan bien el ambiente marino sin que les tengas miedo en la arena.
Si quieres ver qué más tiene Van & Camp para este tipo de viaje, en el catálogo están el resto de prendas y accesorios que la marca hace desde el País Vasco para quienes viven, o sueñan, en camper.